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Revolución por el Orto
April 13, 2006

Una de las presencias más importantes y menos comentadas en el último festival de Mar del Plata fue la del canadiense Bruce La Bruce. Director, actor, guionista, productor, pero sobre todas las cosas militante, La Bruce es alguien que recurre al cine para disparar artillería pesada: el porno (gay) y las consignas más explicitas son su vía de expresión en la búsqueda más desesperadamente cruda por una revolución. Revolución que, claro, debe empezar en la cama, tomar la casa, y trasladarse luego a las calles, tal cual proclaman las máximas feministas en pleno siglo XXI. Extraña dialéctica la que ha habido históricamente entre los grupos de izquierda y los grupos de homosexuales, los primeros acusando de hedonistas a los segundos, achacándoles que en la búsqueda del placer sólo perdían de vista el objetivo principal que era hacer “La” revolución. La Bruce les responde cortito y al pie: todos a coger.El argumento del film es algo asi: un grupo de terroristas quiere planear una revolución y para eso secuestran al hijo de un importante político y empresario alemán por el que van a pedir rescate. Claro que no saben que el secuestrado ya fue desheredado por su padre… por haberle confesado que es puto. Nada es sutil en las pelis de La Bruce: no hay analogías, ni tiempos muertos, mucho menos detalles que acentúen buenas actuaciones, o revelen tramas paralelas. Bruce quiere decir algo y no da vueltas. “La heterosexualidad es el opio de las masas”, o “Revolution is my boyfriend” son algunas de las consignas que aparecen escritas en la pantalla, como si buscara encarar “La Hora de los Hornos” en su versión más puta. Madonna es contrarrevolucionaria, también lo es el hip hop comercial, como la monogamia o la masturbación misma. Lo que parece tan burdo sin embargo tiene antecedentes tan importantes como las ideas introducidas por el director. Y no hay que ir hasta Canadá para eso…

La experiencia argentina: el Frente de Liberación Homosexual

A fines de los años ´60 y comienzos de los ´70 hizo su aparición en la escena política Argentina un grupo de personas convencidas que la problemática de las “minorías sexuales” debía ser incluida dentro de cualquier proyecto que quisiera autoproclamarse revolucionario. Y que la visibilidad era el punto determinante para mostrarle al hombre común que existen otros modos de vida, de relaciones, de familias. Allí estaba, pues, el germen revolucionario por excelencia que el FLH venía a poner sobre la mesa. La respuesta que obtuvo de la izquierda “popular” fue el rechazo más celebérrimo que pueda pensarse: el Partido Comunista nunca levantó su bandera, y los Montoneros (incluidos dentro del peronismo, al igual que en un comienzo lo estaba el FLH) ingresaban a la Plaza de Mayo en sus actos entonando “no somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros”. Claro está entonces que el cambio propuesto por los grupos usuales no tenía pensado cuestionar el papel relegado que la mujer jugaba en ese momento, mucho menos plantear un debate sobre la monogamia, el matrimonio o la familia tradicional. Ni que hablar de liberación sexual. Los cruces entre unos y otros se hicieron más fuertes, y el resultado no pudo ser otro: los más vulnerables volvieron al ostracismo.

Bruce La Bruce sabe que en el mundo la hipocresía reina. Y que detrás de cualquier fachada progresista siempre se esconde la segregación y el relegamiento de aquellos que vienen a patear el tablero proponiendo lo que Gudrum: quienes sólo mantienen relaciones heterosexuales o sólo homosexuales están reprimiendo una parte natural de sí mismos; y sólo habrá verdadera revolución cuando ese costado aflore.

El porno: ¿la imagen no es nada?

Sus planteos pueden tomarse en broma, y La Bruce quiere que así sea. Planear una revolución no tiene que ser algo tedioso, sino algo que produzca placer. Mucho pero mucho placer. Y si del polvo venimos… al polvo vayamos. Basta de tener sexo de a dos, con parejas de otro género, en la cama y antes de dormir. A coger en la cocina, en los ascensores, en los pasillos de los edificios, ¡y a la calle! El universo La Bruce está plagado de seres que quieren disfrutar el sexo en todas sus variantes y mostrándole al mundo lo bien que la pasan. Y él nos lo muestra a nosotros sin censuras: flacos pajeándose mutuamente, chupándosela, y también cogiendo. Todo en pos de plantear nuevas formas de relación. Y a no engancharse… la revolución no sabe de parejas estables, en este comunismo sexual todos son de todos. ¿Suena tentador no?

Más allá de lo que pueda parecer ridículo, extravagante o demasiado exagerado, Bruce La Bruce viene a ocupar un lugar fundamental dentro del cine militante gay. Ya no el de Passolini, los tiempos cambiaron, aunque no lo conservador de sus formas. Y el mensaje es claro: mientras no se cuestionen los lazos impuestos de matrimonio, familia tradicional y relaciones heterosexuales monogámicas parece difícil pensar en una revolución. Será entonces como dijera Néstor Perlongher, miembro clave del FLH, allá a comienzos de los ´70: “mientras los hombres heterosexuales no socialicen su culo, la liberación sexual será incompleta”.

Gonzalo Beladrich
(gonzalo@velvetrockmine)

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THE RASPBERRY REICH
Canadá/Alemania, 2004, 90’

Dirección: Bruce La Bruce
Guión: Bruce La Bruce
Producción: Jürgen Brüning
Montaje: Jörn Hartmann
Fotografía: James Carman
Intérpretes: Susanne Sachsse, Daniel Bätscher, Andreas Rupprecht, Dean Stathis, Anton Z. Risan, Daniel Fettig

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Bruce LaBruce

De Wikipedia

Nacido el 3 de enero de 1964, Bruce LaBruce es un escritor, realizador cinematográfico y fotógrafo canadiense afincado en Toronto.

Nació como Justin Stewart en Southampton, Ontario. Llamó la atención primero con la publicación del zine queer punk “J.D.s”, coeditado con G.B.Jones. Actualmente escribe y saca fotografías para Honcho e Inches, y ha realizado algunas controvertidas películas que mezclan las técnicas del cine independiente con la pornografía gay. Según sus declaraciones con sus películas intenta rechazar el machismo presente en la pornografía corriente. En ella aparecen frecuentemente skin-heads, punkis, y escenas sadomasoquistas.

También ha sido columnista de la revista musical canadiense Exclaim! y Eye weekly de Toronto.
- Selección de films:

The Raspberry Reich

Entre escenas pornográficas cargadas de humor negro, Bruce LaBruce aprovecha para mostrar grandes letreros con eslóganes de sus ideales respecto a la libertad sexual.

Skin Flick / “Skin Gang”

Un joven skin-head conoce a una pandilla de paradójicos skins homosexuales que se reunen para hablar de sus ideales xenófobos y ultraderechistas y de paso montar orgías gays. Éstos le invitan a que les acompañe en el robo de un apartamento. Todo se complica cuando encuentran a un joven de raza negra en su interior.

Hustler White

Un artista excéntrico, de hecho el propio Bruce LaBruce, visita Hollywood y pasea en limusina entre jóvenes escultóricos que se prostituyen, quedando prendido de uno de ellos. En esta película LaBruce muestra las desviaciones sexuales más extrañas, incluyendo homosexualidad, sadomasoquismo, travestismo o personas con miembros amputados.

No Skin Off My Ass

Bruce LaBruce se enamora de un joven skin-head en esta película lenta, romántica y fuera del género pornográfico.

Super 8 1/2

El argumento de esta película es una biografía retocada del propio director. En ella incluye algunos de sus cortos, como “Ride, queer, ride!”, y también sus primeras filmaciones, realizadas en formato super 8. Una rigurosa autocrítica y el humor negro que le caracteriza la convierten en una especie de documental divertido y alternativo.

http://brucelabruce.com

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