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El admirable Ang Lee arriesga y gana con ‘Brokeback Mountain’
January 19, 2006

En “Brokeback Mountain” (En Terreno Vedado),el director taiwanés Ang Lee filma con ternura y sutileza el amor homosexual entre dos vaqueros. Interpretada con sorprendente acierto por Heath Ledger (”Los hermanos Grimm”, “El patriota”) y Jake Gyllenhaal (”El día despues de mañana”, “Donnie Darko”), la película es una fiel adaptación de un relato breve publicado por Annie Proulx en la prestigiosa revista “The New Yorker” en 1997, que más tarde pasó a formar parte de su libro de relatos “En territorio vedado: historias de Wyoming”. Ahora ,luego de ganar varios “Golden Globe Awards”,se encuentra en carrera para los “Oscar”.

En los argumentos del western clásico, nos han contado ancestralmente la amistad inquebrantable o problemática entre hombres desarraigados, endurecidos, sin estrella, solitarios, erráticos, que se mueven en espacios abiertos, comparten aventuras y peligros, hacen fuego al anochecer, beben whisky e intercambian secas y viriles confidencias antes de dormirse al raso.

Esas relaciones, que intuimos profundas y complejas -y, en alguna ocasión, sugerentes-, sobre la ambigüedad sexual de gente tan umbilicalmente unida, nunca habían tenido la osadía de mostrarnos una historia de amor y de deseo entre los protagonistas.

Ignoro si a los más legendarios directores que han frecuentado este género, a juglares tan masculinos como Ford, Hawks, Walsh y Peckinpah, les daría un soponcio y se escandalizarían al observar el transparente amor entre los dos vaqueros que protagonizan ‘Brokeback Mountain’, pero no tengo la menor duda de que reconocerían el talento, la sutileza y la veracidad del director Ang Lee para contar esta transgresora y triste historia sobre dos tipos que pertenecen a la imaginería del caballo, el rifle, el rodeo, el aire libre.

Qué admirable la capacidad de un señor taiwanés como Ang Lee para retratar con sensación de autenticidad, con matices y con atmósfera ambientes dispares y que no ha vivido. Desde los rituales de la Inglaterra victoriana en ‘Sentido y sensibilidad’, al profundo desequilibrio emocional, la sordidez y las frustraciones de la burguesía ilustrada norteamericana en ‘Tormenta de hielo’, y el universo asfixiante, country y pintoresco del profundo Sur en esta austera, conmovedora y excelente ‘Brokeback Mountain’.

La descripción que hace Ang Lee a lo largo de dos existencias trágicas de los apasionados encuentros de estos dos vaqueros, su complicidad, el compartido sentido lúdico, su cruel separación en nombre de las apariencias, las convenciones y la tradición (se confiesan mutuamente,después de su primera y abrasiva relación física,que no son homosexuales;que su idea del futuro está centrada en una esposa y unos hijos), el engaño sentimental y social con el que planifican sus vidas, sus dolorosos fantasmas, sus incertidumbres, su terror, su violencia interna, la permanente necesidad del amante lejano, sus sucias salvaciones cotidianas, sus catarsis involuntarias o deseadas, su degradación moral, su impotencia, su envejecimiento.

Lleva el sello del gran cine, ése que no necesita subrayar los sentimientos, ni vender carnaza, ni lanzar discursos, ni moralizar, para hacerte comprender y sentir lo que le ocurre a los personajes. Es una narración inteligente, turbadora, sin trampas, magníficamente ambientada e interpretada al servicio de un tema espinoso, una apuesta resuelta con arte de primera clase.

CARLOS BOYERO

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